NATURÓPATA EN ZARAGOZA | María José Ruiz Cortés | Técnicas especializadas en Salud Natural

Pasar los recuerdos por el corazón

Hay recuerdos que no desaparecen, que no se van. Y no importa demasiado cuanto tiempo haya pasado, porque siguen viviendo en nuestro interior, en algún rincón de nuestro ser.

¡Y de vez en cuando ahí están de nuevo! A veces emergen despacio y casi de puntillas. Otras veces irrumpen en tu pensamiento de improvisto y con fuerza, mientras descansabas tranquilamente en el sofá relajado/a, viendo tu serie favorita del momento, y sin darte apenas cuenta la pantalla pasa a segundo plano, la historia cambia. ¡La película que estás viendo, ahora es otra!

Son nuestros recuerdos y seguramente vuelven porque no quieren ser olvidados, sino que los pasemos de nuevo, suavemente por el corazón. Y necesitan ser abrazados, tocando cada recuerdo con la suavidad de una caricia.

¿Te pasa que de vez en cuando te invaden estos recuerdos?, y te “recuerdas” también a ti en ese momento y lugar de tu historia de Vida.

A veces vienen acompañados de sensaciones dolorosas y nada agradables que parecen hacer sangrar de nuevo la herida, y otros; son los recuerdos que necesitan no ser olvidados…

Porque últimamente siento, que no siempre recordar es volver a sufrir, porque muchas veces se convierte en una experiencia que nos sirve para abrazar todo lo vivido. Y así nuestro corazón desmadeja el ovillo, que con el tiempo quedo anudado en nuestra mente, alrededor de nuestros recuerdos.

Ellos tienen su manera única de regresar, no preguntan, aparecen sin esperar a que les abras la puerta. Unas veces emergen de manera suave, incluso alegre; como quien vuelve a casa después de mucho tiempo.

    ¡Como aquella tarde cuando jugabas con tus amigos en el parque! sin prisas y con muchas risas, o aquel momento cuando descubriste aquel caracol caminar sobre la lluvia mojada y sentiste el suave frescor de su cuerpo escurridizo, o bien esa visita inesperada de tu familia que vivía lejos y tu primo te tendió la mano para ir a jugar juntos a vuestro lugar de juegos favorito, o el nacimiento de tu hijo/a y lo que sentiste cuando abrió los ojos y te miraba por primera vez como si ya te reconociera; y aquel beso robado que te hizo sentir por primera vez mariposas en el estómago…todos ellos son los recuerdos que te susurran que tu vida estuvo llena de instantes que merecieron ser vividos.

  También están los recuerdos que no son tan ligeros, que pesan, aquellos que llegan y no sabes como sostener, esos que dejaron una impronta mucho más profunda y silenciosa.

  Lo cierto es que todos ellos viven en nosotros, alojados en algún rincón de lo que yo llamo nuestra historia de vida.

 Y a veces cuando vuelven…no lo hacen para revolvernos, sino para que podamos sentirlos de manera distinta. Para que por fin podamos pasarlos suavemente por el corazón.

  Y es así como poco a poco, nuestro corazón va desenrollando el ovillo que quedo anudado en nuestra mente, en algún momento de nuestra historia. Y lo hace sin prisa, con lentitud, y con la misma delicadeza con lo que se acaricia y abraza a un ser querido.

  Y lo tengo claro hay recuerdos que no regresan para atraparnos, ni para que duelan; sólo necesitan ser vistos, y surgen con la necesidad de que veamos quienes hemos sido, y recordarnos cuanto hemos amado, cuanto también hemos aprendido, quizá también para sanar lo que nos dolió y para que sintamos cuanta vida ha pasado por nosotros.

  Por eso cuando vuelvan, déjalos estar un ratito y no los apartes de inmediato. Igual solo basta con hacerlos tuyos, sentirlos.

Tal vez solo baste con pasarlos por el corazón.

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